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Editorial - En Ecuador existe espíritu emprendedor

Por: Lourdes Montesdeoca*


El ecuatoriano promedio tiene un alto espíritu de emprendimiento y posee una alta autoconfianza en las capacidades o conocimientos necesarios para emprender, es lo que año tras año reporta el Monitor del Emprendimiento Global[1]. Este es un informe que realiza la ESPAE (Graduate School of Management of ESPOL), en el cual se evidencia que anualmente en el Ecuador más de 3 millones de adultos empiezan un negocio (emprendimiento naciente) o poseen un negocio con menos de 42 meses de antigüedad (emprendimiento nuevo). Es decir alrededor de un cuarto de la población en edad de trabajar y casi un 40% de la población económicamente activa, tiene un emprendimiento en el país. Sin embargo, existen enormes dificultades para sobrevivir a los 3 meses y la mayoría no llega al año. Los dos problemas más recurrentes para la baja sobrevivencia son: la falta de financiamiento adecuado y la baja rentabilidad.


Del mismo estudio se desprende que si bien el entorno puede ser un factor que ayuda, la evaluación más baja es para las políticas gubernamentales y sobre todo aquellas políticas enfocadas al acceso a financiamiento, lo cual nos lleva a pensar que desde la política pública en general y de la política productiva en particular, las acciones en este campo siguen pendientes. En este sentido, lo ideal sería que los ecuatorianos no sólo emprendan, sino que además estos negocios sobrevivan, se expandan y generen más empleo.


En cuanto a las ideas mismas de emprendimiento o negocio, muchos de estos están en el área de servicios, específicamente comercio y en productos que en cierta medida se los podría llamar como tradicionales. Varios emprendedores coinciden que uno de los factores de éxito es poder diferenciarse en el mercado, lo que técnicamente se conoce como “tener una ventaja comparativa” y no se trata más que de identificar una necesidad que aún no ha sido atendida u ofertar un producto con las características que nadie más lo haya realizado antes. Sin embargo, en nuestro entorno pasa lo contrario, es común la historia del vecino que se puso su negocio en el barrio, al inicio le iba bien pero al mes aparecen tres vecinos más con el mismo negocio, reducen la calidad del producto, bajan los precios y al final terminan cerrando los cuatro. En ese sentido dos serían las estrategias a considerar: primero para los innovadores tratar de ubicarse en un lugar con una alta barrera de entrada (una zona comercial, por ejemplo), para reducir al máximo la probabilidad de competencia inmediata y segundo, si es uno de los vecinos con poca capacidad innovadora y que se ve tentado a copiar las ideas de los otros, más bien trate de identificar complementariedades, busque ser el proveedor de los otros negocios y establezca encadenamientos productivos. Así verá que todos sobreviven y la economía crece.


Otro de los errores más recurrentes es el sobredimensionar las capacidades tanto personales, como las del negocio; tal es el caso de la capacidad instalada. Este error podría llevar a costos innecesarios que al final terminan afectando la rentabilidad del negocio y llevando a su cierre prematuro. Al respecto, el primer consejo es tomarse las cosas con calma e ir ampliando la capacidad del negocio a medida que las ventas se vayan efectivizando. También se pueden buscar espacios compartidos como los co-working, mismos que suelen estar presentes en la mayoría de ciudades del país, esta opción es muy buena para pequeños emprendedores ya que permite reducir considerablemente los costos fijos. Además, hoy en día con el desarrollo de las tecnologías, incluso se pueden buscar alternativas de negocios en línea, prescindiendo de los espacios físicos por completo.


Finalmente, una de las preguntas recurrentes en este tema es si lo que se aprende en las aulas sirve para emprender. Muchos coinciden con la idea de que no es indispensable un PhD para sacar adelante un negocio. Lo cual es una verdad a medias, porque otro de los factores fundamentales para la sobrevivencia y posterior éxito de un emprendimiento es el amplio conocimiento de: el sector, los procesos productivos, las cadenas de comercialización, etc. Para lo cual si bien no es indispensable un título formal, es necesaria sí o sí la capacitación continua y sobre todo la investigación, por lo que hay que leer mucho y estar bien informados. La otra parte de esa media verdad es que las instituciones de educación formal, además de impartir conocimientos y desarrollar capacidades, ayudan a generar redes de contactos. Y hoy en día, estas redes son claves fundamentales para el éxito o no de un negocio. Pero, no estaría demás hacer un llamado a los centros de educación formal, sobre todo institutos y universidades, que se enfoquen en programas académicos duales, en dónde además de las teorías se estudien casos y sobre todo se pongan en práctica los conocimientos adquiridos, antes incluso de montarse un emprendimiento.

* Economista, Magíster en Economía del Desarrollo y PHD(c) por la Universidad Monash University - Australia



Imegen Superior tomada de WIX


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